miércoles, 10 de junio de 2009
Javiera, que sus amigos siempre pensaron que tenía un nombre horrible, vivía en el cuarto piso. Después de comer siempre comia una mandarina y una manzana roja. Un día comenzó a pelar la manzana y procedió a comersela. Luego, abrió la mandarina, agarró un gajo, se lo introdujo en la boca y aplastó el gajo con la lengua y el paladar, como exprimiéndola. Y como tenía una semilla escurridiza se la tragó y se le fue al pulmón. Y así fue cómo murió Javiera.
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